
- La costumbre de retirar dorsales siempre ha sido un poco garrula. Un poco como decir “mejó que este tío no hay naide”. Es aún tolerable en deportes como el baloncesto y el fútbol americano, donde los jugadores pueden ir numerados del 1 al 100, y aún hasta el 200 si se les antoja. En el fútbol, un deporte donde si llevas tu dorsal es más alto del 14 ya eres un bicho raro y a la gente le gusta recitar alineaciones, eliminar números es casi sacrílego. Ahí está el Milan de los cojones, cuyas alineaciones estarán cojas para siempre por la falta del dorsal 5 (Baresi). ¿Y qué hace ahora la camiseta de Baresi? Pues coger polvo en alguna vitrina en lugar de estar en el campo acumulando más gloria para su club. Si uno lo piensa, esta retirada de dorsales es un pecado grave de vanidad, y un apego a los jugadores impropio de la naturaleza del fútbol, donde los símbolos quedan y los futbolistas pasan. Los récords están para batirlos, y los logros del jugador que hoy parece insuperables, palidecen ante los del joven que emerge años después. No se puede privar a los nuevos valores de llevar camisetas míticas; al contrario, se les debe permitir sentir el orgullo de ceñírselas y de hacerlas aún más grandes. Es todo lo que tengo que decir respecto al tema, con la pequeña añadidura de que este tipo de medidas son aún más rechazables cuando se enmarcan en campañas mediáticas repugnantes de plumillas paniaguados y de presidentes minúsculos en campaña de imagen perpétua.
- Esto es España: El entrenador campeón del mundo y subcampeón de Europa de básket, conocido aquí cariñosamente como” el tubérculo con melenas”, se ha ido a la puta calle. Sáez, el presidente de la Federación de Baloncesto, estará durmiendo a gusto ahora mismo: gran favor le ha hecho a su deporte el hijoputa. Se decía que el caciquismo era uno de los grandes males de la etapa franquista, extendiéndose al ámbito deportivo. Bien, pues parece que hemos perdido todo lo bueno del franquismo y nos hemos quedado con los caciques de las Federaciones, ya sea la de fútbol, la de básket o la de tenis y su presidente-albóndiga… todos estos personajes son en cierta forma reflejo del cainismo y el garrulismo que aquejan a nuestra nación desde tiempos inmemoriales: sí, me ahogo, pero te llevo al fondo conmigo. Pepu la habrá cagado, sí, será antimadridista, vale, pero en cualquier país civilizado todo el mundo se habría comido sus correspondientes sapos hasta después de los Juegos. Luego, ya campeones o perdedores, podrían sacar a la luz toda la mierda que les apeteciera. Pero claro, entonces no llamarían tanto la atención. Lo más gracioso es que esta gente suele recibir dinero público de una forma u otra y al final le estamos pagando su coche con chófer y sus revanchitas al señor Sáez con nuestros impuestos.
Actualización: Este artículo de Trecet cuenta todos los hechos que llevaron a la destitución con gran detalle. Recomendado.
- Hoy decidía el gitanillo, ¿no? Pues habrá decidido el próximo coche que se va a comprar para tunear, porque ni en Manchester ni en Madrid han tenido noticias. Habrá que llamar a su padrino a ver qué dice. A lo mejor mañana As saca una nota diciendo: “la cagamos miserablemente, perdón por aburrirles con este culebrón de mierda”. Pero náaaaa, no ocurrirá. ¡Amos ya a por Benzemá, cooooño!
- He visto Iron Man y me ha gustado mucho. Un superhéroe combatiendo radicales islámicos (¡y sin bajas civiles!), eso es lo que yo llamo una idea innovadora en el género. Ah, y salen unas jacas de impresión. Altamente recomendada.
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